El Dr. Felaspas, en su constante ánimo por polemizar, se va a meter hoy en un tema peliagudo y sobre el que los buenistas bienpensantes suelen tener ideas inamovibles y contrarias a lo que se va exponer hoy aquí. Esperando que se meta mucha gente a insultarnos, vamos al tema:
Busca las diferencias entre estos dos dibujos:

¿A que ha sido bastante fácil?
Claro, es que lo de la izquierda se llama hombre, tiene una colica, suele ser más peludo, más grande y más fuerte; mientras que lo de la derecha se denomina mujer, tiene un agujerico, suele ser más lampiña, más pequeña y menos fuerte.
Y dice el progre: No seas paternalista, Felaspas, eso está claro, pero es que las diferencias externas no implican diferencias internas. (y se queda con las ganas de llamarme nazi)
Y contesta Felaspas: No seas obvio, progre, eso está claro, pero es que lo que menos implican todavía las diferencias externas son igualdades internas. En todo caso, cuando uno ve diferencias externas, presupone diferencias internas y lo que habría que demostrar es que no las hay; no que sí las hay.
De hecho, en este caso las hay. Para empezar, la mujer tiene útero y el hombre no. Y seguro que si hablamos con un médico, nos comenta muchas diferencias más. En unos cuantos tejidos, órganos, etc.
Pero claro, en el momento que lleguemos al cerebro, ahí la cosa cambia y, si es bienpensante, antes que contestar, el médico se envolverá en la Constitución y se tirará por la ventana gritando: ¡Vota ZP!
Porque todo el mundo que se haya molestado en considerar las evidencias más o menos objetivas sabe que el cerebro de los hombres y el de las mujeres son diferentes, pero nadie se atreve a decirlo.
Si las diferencias son genéticas o son producto de la educación ya es una cuestión más difícil, y lo más probable es que la respuesta sea: un poco y un poco. Yo personalmente encuentro razonable que haya ciertas diferencias innatas en las capacidades mentales, ya que para mí no es mucho más sagrado un cerebro que una polla. Pero, como digo, esto ya me importa menos. Lo que me parece esencial es reconocer que hay diferencias, vengan de donde vengan. En esta web, por ejemplo, citan un montón de estudios que parecen constatarlo.
La cuestión moral va completamente aparte. La decisión que hay que tomar acerca de si, en función de las diferencias, los dos conjuntos de individuos han de ser tratados de forma diferente es básicamente independiente de estos hechos. Del mismo modo que los premio Nobel de Física reciben el mismo tratamiento legal que Colibrí, hemos considerado razonable que las mujeres reciban el mismo tratamiento legal que los hombres. Pero eso ni niega ni elimina las diferencias. Simplemente denota la voluntad, la elección de una sociedad de considerar que esas diferencias no son importantes para un montón de cosas.
Ahora bien, para otras cosas sí que pueden ser importantes.
Supongamos por un momento que fuera verdad que las mujeres tienen menor capacidad espacial que los hombres (los estudios que hay en la web que os he puesto antes así parecen confirmarlo). Entonces, si suponemos esto, podemos entender algunas cosas, como por ejemplo por qué parece que los hombres son, en media, mejores jugadores de ajedrez que las mujeres.
Además, si suponemos esto, la noticia de que una transexual domina el ranking español de ajedrez femenino, no sólo pasa a molar un huevo, sino que también cobra perfecto sentido. Al fin y al cabo, su cerebro es de hombre (aunque no le haga mucha gracia).
Es como si Asafa Powell (récordman mundial de los 100m lisos), de repente, decide hacerse un cambio de sexo y empieza a correr en la categoría femenina. Ya os podéis imaginar lo que iba a pasar. No, no iba a ganar todas las carreras, porque no lo (la) iban a dejar competir.
Sin embargo, a la chica de la noticia sí que la han dejado. ¿Y por qué? Porque las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres son tabú. El que se atreve a ponerlas encima de la mesa es un nazi machista despreciable.
Lo cual es bastante ridículo ya que, en los mismos estudios en los que se ve que nosotros tenemos mejor habilidad espacial que ellas, también se ve que ellas son mejores que nosotros en otros aspectos, como por ejemplo el lenguaje (sobre todo si las comparamos con Pavos). Además, la ridiculez aumenta cuando leemos una noticia como la que he comentado y tenemos que jugar todos a decir ñoñamente, no sea que papi progre nos mire mal, que es puta casualidad que la campeona española de ajedrez sea transexual.
Por suerte, las mujeres son diferentes de los hombres. Pese a quien pese.