Como sabéis, en el mundo actual, hay diferentes sistemas operativos.
Un sistema operativo es un programa muy grande (o mejor un conjunto de programas) que se dedica, al nivel más bajo, a controlar los diferentes componentes electrónicos de nuestro ordenador (hardware) y a permitir que se comuniquen entre ellos de forma eficiente. Al nivel más alto, se dedica a eseñarnos ventanitas, letras y punteros de ratón para que podamos usar las diferentes aplicaciones que pueden correr sobre el sistema operativo (navegador de Internet, procesador de textos, reproductor de vídeo, …).
La maravilla del libre mercado, que ha dado lugar a hardware y software cada vez más poderoso y más útil, nos ha hecho una pequeña putada en el campo de los sistemas operativos, produciendo varios de ellos. Los más conocidos son Windows (creado por Microsoft), Linux (creado originalmente por Linus Torvalds y hoy por toda la humanidad) y MacOS (desarrollado por Apple).
Esta variedad es un problema porque resulta que las barreras o muros (metafóricos) de uso entre sistemas operativos, son muy altos. Debido a unos cuantos motivos:
- No es demasiado fácil instalar más de un sistema operativo en un mismo ordenador.
- Incluso si se hace esto, pasar de uno al otro no es inmediato, requiriendo reiniciar, lo cual cuesta unos minutos (en el mejor de los casos).
- Aunque las cosas están mejor que hace unos años, los diferentes sistemas operativos son mayormente incompatibles. Es decir, las aplicaciones diseñadas para uno concreto de ellos, no corren en los demás.
Todo esto no fue un problema mientras un sistema operativo era claramente superior a los demás (Windows durante la pasada década). Uno simplemente se instalaba Windows y que le dieran bien por el culo a los freakies con sus Linuxes y sus MacOSes.
No obstante, Windows se ha ido convirtiendo progresivamente en una

y los demás sistemas operativos han mejorado un montón. De forma que ahora nos vemos muchas veces en la tesitura de tener que elegir un sistema u otro perdiendo las ventajas que tiene el que desechemos.
Si somos valientes y sabemos algo de ordenadores, podemos evitar el primer punto de la lista que he puesto más arriba y así no tener que elegir. El problema es que los otros dos puntos son imposibles de evitar y esto nos complica mucho la vida.
Varias soluciones están empezando a proponerse para solventar esta situación altamente insatisfactoria. Una de ellas es el desarrollo de sistemas operativos basados en web, de forma que los ordenadores se conviertan en pequeñas estaciones con mucha menos potencia de hardware, pero suficiente para usar las aplicaciones remotas (a través de un “pseudonavegador“).
Yo, hace poco, descubrí otra solución bastante maravillosa de mano de un amigo:
Se llama VirtualBox, y es un programa que se puede instalar en cualquier sistema operativo (el sistema anfitrión, o host) y que crea un entorno virtual que engaña a otro sistema operativo (el sistema invitado, o guest), haciéndole creer que un cachito de nuestro ordenador es un ordenador entero (diciéndolo para que un subnormal me pueda entender).
Aquí estoy corriendo WindowsXP en una ventanica dentro de OpenSUSE Linux (si pincháis en la foto se amplía):

Esperemos que este tipo de cosas se generalicen y nuestros hijos nos pregunten, dentro de 15 años, “¿Sistema operativo? ¿Qué era eso?“.